Un silencio lo envolvía todo,
y al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa, Señor, vino desde el
trono real de los cielos.
Dum médium siléntium tenérent ómnia, et nox in suo cursu
médium iter habéret, omnípotens sermo tuus, Dómine, de caelis a regálibus sédibus venit.
Oremos:
Dios todopoderoso: por este nuevo nacimiento de tu Hijo en nuestra carne,
líbranos del yugo con que nos domina la antigua servidumbre del pecado.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
El que hace la voluntad de Dios tiene vida eterna
Lectura de la primera carta del
apóstol san Juan
2, 12-17
Les escribo a ustedes, hijos,
porque les han sido perdonados sus pecados por el poder de su nombre.
Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el
principio.
Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les escribo a
ustedes, hijos, porque han conocido al Padre.
Les escribo a ustedes, padres, porque han conocido al que es desde el
principio.
Les escribo a ustedes, jóvenes, porque son fuertes y la palabra de Dios
permanece en ustedes y han vencido al maligno.
No amen al mundo ni lo que hay en él. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre
no habita en él. Porque todo lo que hay en el mundo -los apetitos desordenados,
la codicia de los ojos y el afán de la riqueza humana- no viene del Padre, sino
del mundo. El mundo y todos sus atractivos pasan. Pero el que hace la voluntad
de Dios permanece para siempre.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Sal 25, 7-8a.8b-9.10
Alégrese el cielo y goce
Laeténtur
Pueblos todos de la tierra,
reconozcan la gloria y el poder del Señor; reconozcan que su nombre es
glorioso.
Alégrese el cielo y goce
Laeténtur
Entren en su templo trayéndole
ofrendas: adoren al Señor en su templo, tiemble en su presencia la tierra
entera.
Alégrese el cielo y goce
Laeténtur
Digan a las naciones: "El
Señor es Rey, él aseguró el mundo para que permanezca firme; él gobierna a los
pueblos con rectitud".
Alégrese el cielo y goce
Laeténtur
Aleluya, aleluya.
Un día sagrado ha brillado para
nosotros. Vengan, naciones, y adoren al Señor, porque hoy ha descendido una
gran luz sobre la tierra.
Dies sanctificátus illúxit
nobis: venite, gentes et adoráte. Dóminum: quia hódie descéndit
lux magna super terram.
Aleluya.
Ana hablaba del niño a los que aguardaban la liberación de Israel
† Lectura del santo Evangelio según
san Lucas
2, 36-40
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo había también una
profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, que era ya muy anciana. Había estado casada siete
años, siendo aún muy joven, y después había permanecido viuda hasta los ochenta
y cuatro años. No se apartaba del templo, dando culto al Señor día y noche con
ayunos y oraciones. Se presentó en aquel momento y se puso a dar gloria a Dios
y a hablar del niño a todos los que esperaban la liberación de Israel.
Cuando cumplieron todas las cosas prescritas por la ley del Señor, regresaron a
Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El niño crecía y se fortalecía llenándose de sabiduría, y contaba con la gracia
de Dios.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Acepta, Señor, con bondad las ofrendas
de tu pueblo, y concédenos que cuanto creemos por la fe se haga vida en nosotros
por medio de este sacramento.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Intercambio efectuado en la Encarnación de Verbo
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque en el misterio que hoy celebramos, Cristo, el Señor, sin dejar la gloria
del Padre, se hace presente entre nosotros de un modo nuevo: el que era
invisible en su naturaleza se hace visible al adoptar la nuestra; el eterno,
engendrado antes del tiempo, comparte nuestra vida temporal para asumir en sí
todo lo creado, para reconstruir todo lo que estaba caído y restaurar de este
modo el universo, para llamar de nuevo al Reino de los cielos al ser humano
sumergido en el pecado.
Por eso,
unidos a los coros angélicos, te alabamos llenos de alegría:
[Misa]
De su plenitud todos hemos
recibido gracia tras gracia.
De plenitúdine eius nos omnes accépimus, et gratiam pro grátia.
Oremos:
Señor Dios, que nos unes a ti por la participación en este sacramento,
concédenos obtener toda su eficacia, y que al recibirlo nos hagamos cada día
más dignos de este don que nos haces.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.